SÁBADO 29/9 DOMINGO
30/9
“¿Vamos en bondi o en coche?”
Por Pocho Sabogal
Después de escuchar a Luis Nacht y a Proyecto Jampara en el
Teatro de la Media Legua (Martínez) zarpamos para casa a buscar un sacacorchos.
Maneja El Crocante, a lento trote, no como aquella vez que
me amenazaron con botella cortada el cuello. Aquella vez pisó fuerte el
acelerador al compás de L.A Woman… Hit the highway, you know…
Agarro el sacacorchos y mi hermanita está despierta y no
entendería si le explicara con que precisión suena la sección de vientos de
James Brown. No, no entendería, es ¿joven? aún.
Yo no estaba en estado para anotar el orden de los temas ni
las impresiones. Sé lo que pasó. Solamente eso. Y lo que pasó fue de alta gama.
“La perfecta ecualización” dice una chica de top rojo
mientras se acomoda el corpiño frente al espejo del baño, del baño de hombres.
“El peso de las palabras…” dice un muchacho de tatuajes,
muslos curvos, piel crema, afeites, remera azul, collar tipo Robert Mapplethorpe,
invitando un fernet a un amigo o a una flaca que hace fila para entrar al baño,
al baño de mujeres.
Y estos dos jóvenes se cruzan unas miradas, las teclas
arrancan un riff, la bata tira un disco style, todo sube en un par de saltos,
empujones y abrazos traspirados.
La línea que te raya no está y no la podés salir a buscar
porque dejaste la campera en el auto de tu amigo que tiene auto y es tu amigo.
Hola Pendeja y Militantes del Clímax trafican la herencia de
J. Brown, Hancock, Funkadelic y Peyceré y por allí dos, y solo dos mozos tratan
de atender una barra atestada de sedientos y sedientas. No quedan jarras y se
reparten de a 4 vasos llenos imposibles de maniobrar. Y la cerveza se entibia y
ya nada sirve más que el intento de romper la cuarta pared, de saltar y caer y
clavarse el filo del bombo, jeta contra la trompeta, desafinar la guitarra,
desenchufar el bajo, alguna así quieren los pibes. Pero no quieren los pibes
que se acabe nunca la música. Si se acaba la música ya no hay excusas para
quedarse quieto o bailar, hay que salir y justificarse y elegir el bien o el
mal, el robo del beso o la del galán, la pinta cuadros, la abogada y la que le cabe
el diván.
Simples desfiles de cerebros que quieren conscientizar su
respiración para sentir el abdomen pronunciar una larga renuncia hacia el fondo
de la noche, donde un perro moribundo escribe la palabra Justicia.
En realidad los pibes solo quieren garchar que es como jugar
compartiendo los autitos, los lindos y los medio rotos, los que se les traban
las rueditas y los que tienen llamas al costado. En realidad los pibes solo
quieren ser felices con las pibas que también quieren ser felices, y no saben
cómo acurrucarse adentro del parlante sin que los tilden de extremistas,
hippies, drogones, nerds, dragones, facheros, jazzeros, cultura letrada,
cultura letrada: tarado tarada.
...A la salida no nos queda otra que tirarle piedras a un
cartel de Wanama ropa de marca para
señoritas. Una piedra que tiro casi rompe la vidriera de uno de esos negocios
bajo el puente del Tren de la Costa. Casi fragmenta y rompe el liso plano sólido que
refleja una amarga y tímida luz de farol bonaerense.
A la salida no queda otra que fijarse en todas las puertas
del Mac Donalds, y hasta en las ventanillas del Auto Mac. Odio y odiamos esos
arcos dorados emanando luz a las 5 de la mañana sobre el asfalto y la
insignificante Avenida Libertador… salvo allá por donde el Hipódromo de Buenos
Aires.
A la salida Dios Maneja un 168 y yo me subo al colectivo y
me olvido.
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