lunes, 3 de diciembre de 2012


Tengo que releer Ulyses de Jota Jota. Tengo leer y llegar hasta el final. Detrás de toda esa montaña de piedritas, cal, cemento, se esconde un pastel de arándanos. 


Detén los caballos atropellados de tu mente, dijo uno de los primeros amigos.

No escribís porque te paguen, y hasta no te importa la fama y casi ni que te digan si está bueno o malo. La gente se equivoca, la historia se reescribe cada día. ¿Qué importa lo que alguien diga?

Importa solo decirlo.

Yo tengo esa necesidad. Lisa y llana necesidad. Es la que va para mí.

El texto de Jota Jota claramente retoma esta idea y en la antología fantástica de J. L. Borges y la pandilla dice algo así como: “gozaba especialmente de una gran técnica verbal”. Aludiendo a su única virtud, ¿dando a entender no?

Hasta ahora no pude pasar de unas pocas páginas, toda mi labor mental se resume en otro relato: El Perseguidor. Julio Cortázar. Verdadera situación.

Ser la leyenda o ver la leyenda hacerse leyenda. Ser o Ver. ¿Imposible las dos no?

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