miércoles, 11 de octubre de 2023

Reseña de la novela "El ojo de Goliat" de Diego Muzzio

 El Ojo de Goliat es el último libro de Diego Muzzio y también su primera novela.



Presenta una fuerte tesis sobre qué significa estar loco, qué es la locura y cuáles son sus límites. Con un relevamiento de los fines del siglo XIX y el principio XX, Muzzio nos trae un vívido escenario que nos enmarca en una época lejana y a la vez cercana. Los vestigios de una revolución industrial racionalista han generado una guerra con consecuencias físicas y psicológicas que varios pensaban habían quedado atrás. 
Muzzio presenta la primera guerra mundial como una consecuencia también de las grietas de un modelo industrial abocado a la catalogación del mundo en un algoritmo binario. Buenos vs. malos, locos vs. cuerdos, ¨Us and them¨ como diría Pink Floyd. Aquella guerra, como tantas otras, ha dejado a sus sobrevivientes por momentos, más muertos que vivos.
Este trabajo de construir un marco realista donde luego anteponer un contrapunto cuasi irreal, ya lo habíamos visto en la triología de nouvelles Las esferas invisibles: allí volvemos al fin del gobierno de Juan Manuel de Rosas y la crisis sanitaria con la fiebre amarilla en Buenos Aires.
En el caso de este nuevo texto, es otra la guerra y otras las enfermedades, pero el terror, el tedio y el misterio acechan.
En un hospital de Edimburgo uno de los protagonistas de esta novela, el doctor Pierce, busca revertir aquellas simples ecuaciones binarias, o al menos mostrar su problemática con el caso de un empleado de una empresa de faros. El caso es casi perfecto, el faro, símbolo de racionalidad, tecnología, símbolo de dominación de las aguas y los vientos, constituye en esta historia el lugar donde la locura del otro protagonista de la novela, David Bradley, se desata.
Si en Las esferas invisibles hay referencia al mundo decimonónico de Melville, aquí tenemos la referencia constante de la literatura de Stevenson y su clásico 'Dr. Jekyll y Mr Hyde'. Otras referencias, sin embargo, aparecen: las alusiones a la Biblia en especial el libro de Samuel, las poesías de Samuel Coleridge y las divisiones infernales de Dante Alighieri.
Esto entreteje un mundo de complicidades, de lecturas posibles e interpretaciones que nos invitan a seguir leyendo o volver hacia esos clásicos del Siglo XIX o anteriores.
En una era de posverdad, donde hoy cancelamos o nos volvemos fanáticos de un instante al otro, El Ojo de Goliat nos recuerda las contradicciones que llevamos adentro. Nos invita a hacernos preguntas, a pensar antes que actuar, a recordar antes que olvidar, pero sobre todo a aceptar el misterio como algo ineludible del estar vivos. La literatura quizás sea eso que nos recuerda que las campanas siempre doblan por nosotros.

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Retoñar - Dan Pocetti


 Su comienzo, (track 1) "Introducción a la noche inducida" nos habla de un punto de partida, un principio, una preparación nocturna. Es una mixtura entre balada de noche, machaque de punk rock y bolero romántico. La misma nos conduce a inclinar esa copa de vino y dirigirnos hacia el infinito.


Luego de un misterioso desenlace, podemos percibir un nuevo llamado (track 2). Hay una sensación de señal. Esa intuición única, propia del agente especial Dale Cooper en Twin Peaks. Esta vez la búsqueda es realmente personal, liviana, hay una invitación al despertar."Golpeando las puertas del espejo" abre el portal y nos lleva a tomarnos el tiempo que necesitemos para transitar nuestro camino y comprender que lo esencial del ser es único y no se transforma. Como es arriba es abajo, como es el lago es el cielo.

Suspendidos en la atmósfera, lo terrenal quedó atrás. Flotamos como el paracaidista que queda boyando en el cielo (track 3). Como astronauta en Interstellar. No existe el tiempo y la búsqueda es infinita. La propia transición, nos genera incertidumbre, pero debemos recordar que, aunque no lo sepamos, hacia algún lugar nos dirigimos y debemos confiar. "Algo va pasar" dijo Sri Ram en sus años de iniciación.

Como aterrizaje en ala delta, un poco repentino pero con estilo, llegamos a los ojos de Ivanka (track 4). Una mirada que nos canta una simple canción. Nos muestra la esperanza, la dulzura y una sensación de amor cíclico. Confiar no fue en vano, y empezamos a recordar que esto ya lo vivimos. Intenso como nunca, atravesamos el elixir. Ayer todo era rubato y sin darnos cuenta el tempo nos regala un pedazo de cielo. Vemos palomas volar por el aire.

Un groove de batería, bombo y redoblante (track 5)."Keep it nice, keep it simple" (mantenlo bello, mantenlo simple") dijo El Hefe, guitarrista de NOFX cuando explicó por qué no usaba pedales de efectos. Un paseo en bici, la simpleza, los amigos, la risa. Esa apreciación está conectada con el contemplar, observar serena, detenida y profundamente la divinidad de la vida, contemplarla en su máximo esplendor.

Si hablamos del despertar, hablamos de las mañanas, ese encanto que no deja de tentarnos (track 6). Fundamental para el compositor poder mostrar una inspiración tan grande, tan importante, atemporal y de proyección universal, como la música de Luis Alberto Spinetta. El sol no sabe dónde va y ninguno de nosotros sabe dónde vamos, lo importante es disfrutar, contemplar mientras vamos. La miel en tu ventana es un regalo que interviene en esta historia para dejar un mensaje de paz. Esta canción de L.A.S es realmente un rayo de sol, mucha luz, realmente no puedo imaginarme una mañana oscura. Hacia el final podemos reconocer una evocación a Fuji.

Bajamos profundo, muy profundo, a las entrañas de la tierra. Podemos imaginarnos como en un sueño, nos vemos algunos metros hacia abajo, entre raíces de árboles gigantes (track 7). Como la tapa de este álbum, vemos árboles en caída hacia un cielo de lago. Algo se está manifestando, algo está cumpliendo su ciclo, algo está terminando y también volviendo a empezar. El todo es circular, como vida y muerte, principio y final. Como esa conexión de amor divina entre abuelos y nietos. Tan lejos y tan cerca, el plano es el mismo. Debemos retornar, reconocer nuestra esencia, preguntarnos de qué estamos construidos, qué trajimos, qué vinimos a aprender, de qué nos disfrazaron, qué es lo que resuena en nuestros corazones, qué es eso que la vida nos muestra una y otra vez, qué escenarios nos pone delante de nuestros ojos para que aprendamos, para que sanemos, para que seamos felices. Vinimos a morir y a volver a nacer todas las veces que sea necesario. El retoño es parte de nuestra vida y nosotros decidimos si queremos entrar o perdernos el juego.
Brotar, florecer, reinventar un nuevo capítulo.

Retoñar.

Jerga - Sic Trio


Jerga es el álbum debut de Sic Trio. Al igual que su nombre indica no hay equivocación en esta yunta tripartita. Jerga presenta un argot a mitad de camino de varios cruces posibles. Un manifiesto contemporáneo que con su código se permite abrir fuera de las fronteras físicas y unir nuevas expresiones. 

Adolfo Trepiana y Noel Morroni son dos ex compañeros de La Escuela de Tango Orlando Goñi que se vuelven a juntar más de una década después. Cada uno con su camino recorrido ahora como compositores, unen el tango el jazz, el rock y la experimentación para traer junto al tercer integrante Nacho Coppolecchia, una interesante placa al catálogo de Ears and Eyes.

Pensamos en sombras que retornan, que se unen en un hip hop melancólico con mucho aire y olas de ritmo. Una música que nos permite bucear las profundidades de una superficie acuosa y atemporal. Nos sumergimos en el brillante ojo de este maelstrom rioplatense. Allí vemos un remolino de lengüetas libres que de la botonera del bandoneón se despiden. El piano ataca cada sector del pentagrama y se deja soltar de la mano de las intuiciones baterísticas.  Al igual que Ulises en su odisea busca retornar, aquí sentimos esa suspensión en el aire-agua sonoro, a mitad de camino entre retornar o quedarnos. No sabemos qué sigue. Estamos expectantes ante la incertidumbre métrica y tímbrica que navega Sic Trio. Quizás a este viaje en clave, también hace alusión Noosa. Aquella ciudad australiana, isla grande entre mares bravos y climas poderosos. Un viaje que puede tornarse agresivo e incluso extraño como en aquel sentido unheimlich que ensayara un Freud arrabalero. Un Freud que en vez de camisa y saco, viste una remera de Nik Bärtsch. 

Las aguas desde Australia, Argentina y Alemania se unen en un mismo eco lejano y oscuro aunque no sepamos del todo. Hay un fondo puro que resiste las falsas luces y que se permite encontrar un presente de diálogo y cuestionamiento. A ese núcleo acústico apunta Sic Trio. Un presente musicalizado en estéreo con el pasado y su tradición y por otro lado, el hype futurístico que nos adelantó la pandemia.

Jerga es un disco que habla entre sí llamándonos. Una atracción difícil de resistir, difícil no tirarse al agua y apostar. La música como un deus ex machina nos propone fervientemente entrar en el triángulo armónico y melódico de estos tres argentinos.  Podemos bienvenir,  o despedir lo que vemos: una nostalgia pura de originalidad.

TRACKLIST:

01 - Habrá (4:32): es el track que abre el disco, y representa a la perfección la búsqueda de Sic Trio, una manera contar una historia propia y original con un idioma sui generis.

02 - Despedida (3:08):  Partiendo desde una simpleza melódica, es una canción sin letra, como aquellas películas mudas a las que se acostumbraron nuestros abuelos.

03 - Maelström (3:22): es un track directo, un empujón de energía de principio a fin, el track más violento del disco. Una clara referencia a las andanzas escandinavas de los compositores de Sic Trio.

04 - A Lo Que Ves (2:28): Es una exploración minimalista en donde la calma se ve interrumpida con pensamientos inquietos. 

05 - Retorno (2:43): Es la sensación de estar suspendido en el aire sabiendo que lo que sigue es incierto: alea jacta est.

  

06 - Jerga (3:41): el track que da nombre al disco, explora un sonido denso y obsesivo, con estructuras constantes, que aparecen a lo largo de todo el tema.

07 - Noosa (4:59): el track que cierra el disco cuenta con una intro de piano y samples. Está inspirado en una experiencia psicodélica que sucedió en la mitad de un viaje interrumpido por la pandemia. 

lunes, 20 de julio de 2020

Cuento Zen # 3

Cuento Zen # 3

"¿Has aprendido a tocar musica?" Preguntó el maestro.
"Sí" dijo el joven discípulo.
"¿A cantar?"
"Sí, también!
"¿A bailar?"
"Sí, a bailar cantar y a tocar música"
"Bien" dijo el maestro. "Ahora no tienes mas que aprender de mi, debes matarme"
El joven confundido y asombrado por la orden de su maestro caminó hacia su cuarto a buscar su espada.
Al volver con la espada y acercarse al maestro este habló una vez mas:
"Acaso para lograr tocar, cantar y bailar, no has practicado mucho?"
"Sí" respondió el discípulo sosteniendo su espada.
"¿Qué te hace pensar que para matarme no debes practicar antes?"

Cuento Zen # 2

Cuento Zen # 2

El rey del pueblo dijo: "no tengo tiempo para vestirme bien".
Regaló sus vestiduras reales y la gente le empezó a costar reconocer que era rey.
luego dijo: "no tengo tiempo para vestirme".
Anduvo desnudo y la gente empezó a reírse de él.
"no tengo tiempo" dijo luego y ya no escuchaba a nadie.
"no tengo" dijo entonces y su castillo dejó de pertenecerle y con ello todas sus pertenencias.
Finalmente vino La Muerte a buscarlo pero el rey aun tenía una palabra para decir y dijo: "No".
Y La Muerte se alejó.

cuento zen #1

Cuento Zen #1

El aprendiz se acercó al maestro y le preguntó: ¿Cómo sé a qué tribu debo pertenecer?
El maestro lo miró y le respondió: Hay un error en la formulación de tu pregunta, joven.
¿Cuál es el error? dijo entonces el joven.
El maestro volvió a mirarlo y respondió: Hay un error en tu pregunta aún.
El joven sin comprender y ansioso dijo rápidamente: ¿Cuál?
El maestro entonces se tomó un momento y luego volvió a hablar: Hay un error en tu pregunta.
El joven aprendiz perplejo ante las refutaciones de su maestro dijo entonces suspirando: No sé cuál es el error de mi pregunta.
El maestro sonrió y miró al cielo. Después de una breve pausa dijo: Hay un error en tu respuesta.

domingo, 17 de mayo de 2015

Por qué Zappa es el mejor...


Luego de una de las más gratas experiencias musicales, ayer sábado 16 de mayo, me he resuelto a volver a este blog y escribir... algo. Dweezil Zappa, uno de los 4 hijos de Frank Vincent Zappa junto a su esposa de toda la vida Gail Zappa, dio ayer un concierto de 3 horas. Increíble.

Arrancaron tocando el disco One size fitz all y luego procedieron a una lista larga de temas entre ellos:

Torture never stops
More trouble every day
Hot rats
Dancin' fool
Cosmik Debris
The grand wazoo
Baby snakes
Muffin man
Sinister footwear
Black page
Uncle Remus
Dont' eat that yellow snow
The slime

6 músicos extraordinarios... (pero parecían 15 :-D )
El cantante barítono tocaba el trombón, la trompeta, la guitarra y la armónica, ademas de cantar imitando esos graves y lúbregos tonos de Frank.
Sheila el teclado, el saxo tenor alto y flauta traversa además de ponerle la voz a los momentos agudos más memorables de la Zappamanía.
Quizás los 2 que más me impresionaron junto con D. Zappa con su SG modificada sin cambiarla ningún momento. Con la palanca y el floyd rose y todo el audio calcado y puesto a punto a un 2015 necesitado de esa magia..

El público entre enardecido y atónito (los momentos de solo de guitarra dejaban la euforia, los aplausos y los gritos como si no hubiesen existido, como si no se hubiesen pronunciado) se acercó luego por los pasillos para los últimos 3 bisses.

Y respondiendo la pregunta...
Por qué Zappa es el mejor...

Porque combinó jazz y clásico en formato R&B (siempre fue muy fan de la música negra, y buscaba trabajar con los mejores cantantes de este género y que pudieran renovarlo y a la vez tocarlo tan antiguo como posible). Porque se renovó siempre. Porque nunca se dejo estar por una discográfica y produjo la mayor cantidad de discos, siendo la mayor cantidad de veces, él mismo, ingeniero y mezclador de sus discos. Porque pensó la música como los grandes compositores, porque él fue el compositor del siglo xx. Que vio como la música se puede sobreponer, mejor dicho, como la música está sobrepuesta. Como Bartok, Stravinsky, Varese y Beethoven se ven en su música. Orquestar, orquestar orquestar. Armonizar un trombón a contrapunto de un violín. Coros y voces por doquier. No tener miedo al humor. No tener miedo a la disciplina, la disciplina no por un virtuosismo efectista o amarillista, una disciplina que trae verdadera libertad. Libertad musical, libertad de la industria, libertad de decir lo que se gusta y poder amar un mundo propio. Un mundo propio lleno de personajes que vienen y van, llenos de máscaras circenses y Fellinianas. Al final, la sangre italiana tira no? Personajes que se rién, estornudad, escupen, cagan, se besan ruidosamente, personajes que son instrumentos, personajes que son ideas, frases de Bebop alocadas y del más riguroso formalismo. Parecen sacadas de Dizzy G. o Monk. Zappadas larguísimas, no por extensión de tiempo sino más bien porque habilitan un espacio alternativo, un espacio profundo y alejado donde el solo dura más porque ese espacio creíamos que no existía.
Manejo el tiempo como nadie, devolvió a la música la importancia de la percusión y la batería. Mostró las hilachas de un rock que en realidad casi siempre era pop. Mostró un pop que en el fondo es rarísimo y violento. Mostró un jazz alejado de las academias y el buen gusto. Un jungle jazz de Duke Ellington, de Charlie Mingus... Mostró que reirse y criticar a la sociedad son la misma cosa y que si no van de la mano, la vida se llena de angustia estúpida y nos quedamos sin hacer nada.

Que probar es igual a componer. Que decir es igual a hacer.

Un persona que sin prejuicios se animó a la aventura de crear algo propio y poner en jaque las reglas de la música y la época dorada de la industria y el periodismo musical. Pintó Estados Unidos de una manera a la que John Waters, Harmony Korine, John Carpenter y varios otros directores filmarían luego. Mostrando la contradicción, lo absurdo, lo religioso, lo superfluo, lo grandilocuente y lo síndrome de complejo de inferioridad...

Su música contiene varias, sino todas, pero es esa actitud, que con los años cada vez me resulta más importante. Su actitud de estar abierto, de joder, de practicar y arriesgarse poniendo guita para ensayar canciones de los más "raras" y luego salir de gira por su país. Su actitud de ir hacia adelante, de traer músicos de todos lados, de practicar y componer en servilletas. Su actitud de que la música puede mucho más si solo se hace el esfuerzo, si solo uno se permite reirse y si uno agarra la viola y no cree en las disonancias.

lunes, 14 de enero de 2013


THE WORLD IS YOURS

"We've taken carbon dioxide from air and hydrogen from water and turned these elements into petrol." Peter Harrison
“Hemos tomado dióxido de carbono del aire e hidrógeno del agua y hemos convertido estos elementos en petróleo”  

Por Pocho Sabogal
Tomemos la obra “Globo Terráqueo” y apliquemos principios de teorías geo-económicas (la economía es la administración de recursos mediante la valoración de sus productos).

El mundo es negro mayormente porque el petróleo es lo que alimenta el desarrollo alimenticio que permitió el desarrollo poblacional que determinó la ola de consumismo gigantesca del Siglo XX. Sin petróleo no habría máquinas tan potentes con capacidad de cultivar/cosechar grandes áreas. Sin petróleo no habría plástico ni se cumpliría el sueño americano: un auto para todos. Las distancias se achican, el tiempo se relativiza…

La sangre, el oro negro posibilita un mundo de color. Posibilita dar luz a una ciudad de luces, ya Las Vegas ya París. El valor energético del petróleo es el más alto y su relación de extracción y compra/venta fue la mejor hasta el “peak oil” de 1970 (era tan fácil de extraerlo al principio que la gente llegaba a quemar crudo sin refinar en los lugares de extracción para hacer un asadito). Ni al uranio, ni al carbón, ni al Sol ni a los Vientos tenemos la capacidad y la relación inversión-rédito/ rentabilidad de extraerles tanto valor energético (1 litro de nafta puede servir como 120 caballos tirando por 10km).

La felicidad, el consumo, los colores no podían venir de otro lado sino de adentro. Como el artista busca dentro suyo la materia prima para obrar, así nosotros buscamos dentro de nuestro planeta los recursos que nos permitan “vivir”. Del reverso sale su anverso. Las naciones atiborradas de colores, de construcciones, de edificios, gente por ahí, gente por allá, sentados, parados, sentados con alguien sentado encima, parados queriendo sentarnos encima de ese que vemos con alguien sentado encima…

En fin.

Agradecemos poder tener colores, poder construir un Transiberiano, poder alimentar las panzas de los religiosos y las mentes de los ateos. Todas las comidas del mundo en cualquier lugar del mundo más allá de las dificultades climáticas, las especies autóctonas: el petróleo todo lo puede. El negro siempre estará a la moda. La primavera colorinche flower power 60´s Vintage resurrection está atada con una cadena (ver obra), no hay orden, simplemente florecen los colores donde pueden. Disfrutan de ser colores. Se olvidan del Vacío, del big bang no- palabra, no-luz, no evangelio, no crema de enjuague, no el sillón donde esperar el pase de cocaína.

Nosotros somos florcitas de este Indoor gigante que llamamos Legalidad. Porque toda la Economía establece límites en el Derecho. El mal empezó como dijo Rousseau (fundamental para Marx) con la propiedad privada: el trazado de la primer frontera: esto es mío, eso es tuyo.

Somos florcitas, que no conocen límites sino abejas y el polen. Somos colores titilando como bichitos de luz, porque para la historia humana, y para la historia Geográfica somos eso: “tan solo bichitos que saben que una manzana más una manzana son dos (y eso sale más caro en todo caso, si nos ponemos metafísicos)”.

Florcitas que si  nos derraman una crítica, morimos ahogados como pingüinos por un derrame de petróleo. La hipocresía no existe, existe el olvido. La Memoria es la película que siempre proyectan pero no sabemos cómo ni dónde mirarla. O somos pochocleros o somos snobs que defienden I. Sat y el BAFICI. Ser las dos cosas, aceptar que nos pinten de color rosa, flúor, hipster, Página 12, Yankie, Cordobés, Bolchevique…

Y entender el círculo en que una cosa lleva a otra y todo cierra, ya que no podemos entender las líneas, porque no existen. Cada línea es: no una acumulación de puntos (según la tradicional definición matemática del diccionario), sino de círculos.
Y los círculos son negros. Ok. Pero la Vida vivida y por vivir es de Color. Ok.

Un color que debe todo al recuerdo de que somos polvo, ¡¿mas polvo enamorado?![i]
   
       Polvo ennegrecido porque es sombra de lo vivido.
               Elisa Naranja Metálica Insúa nos recuerda aquello.
                                 En todo caso, nos recuerda que debemos recordar.



[i] FRANCISCO QUEVEDO.

sábado, 29 de diciembre de 2012


NO SE LE PAGA A LOS VIGILANTES SOLO CON PLATA


“Back door, cum shot”
La línea, El Sonido Real

"Les cuido el coche muchachos"

Por Pocho Sabogal
Un buen recital es un buen recital. Después de ver Los Zombis, Poroto Supremo y El Sonido Real en C. C. Matienzo nos fuimos a por unas Coronas y un fernet en los bosques de Palermo. Mi amigo de Flores manejaba el Taunus con grandes asientos donde uno se hunde. Mi amigo de Belgrano con su cresta y sus brazos colgando por la ventana sin suspirar.

Es sabido el tráfico que hay en los bosques de Palermo, el Amor lanza flechazos escondiéndose detrás de un taxi estacionado.

Belleza.                                                              Hermosa.

                     ¡ Cuidado, con la puerta de atrás!

Fijate bien cómo estacionás, y quién te cuida el auto y quién te cuida cuando estás borracho.

Ahora no trabajo y eso en mi caso solo significa tiempo.

Pablo Berardi (cantante, sintetizador zombi style) es una persona creativa. Tiene un factor dérmico de lo rítmico fuera de lo típico paupérrimo. Los Zombis son el gothic surf pasado por trasnochados virtuosos del Abasto. Hay un bajo incansable que mantiene las guirnaldas colorinches y la sombra de Tánatos (alguna vez explicaré esta frase, tiene que ver con la música Balcánica).

Hay una batería precisa (después de ver a Chris Dave, es lo primero que busco en los bateristas de hoy, los bateristas de la segunda Escuela) e impecable. Además una guitarra Robert Fripp lata de duraznos vacía raspando las cejas, la espalda, la garganta afónica, todo lo que raspa esa guitarra ejecutada con acordes de conservatorio y rasguidos de alguien que no terminó el secundario.

Luego tocó Poroto Supremo y se me prendió el intelectualismo psicodélico (todo por volver al útero y charlar con Él que se esconde detrás de las cortinas) mi famosísimo affaire con la disonancia, Monk-Zappa-Flying Lotus y mi defensa de la repetición como único rasgo de estilo válido.

Me cuesta no pensar mientras escucho lo que pasas enfrente mío. Pero los Poroto hicieron de las suyas para no dejarme tranquilo. Es la primera vez que los vi así sacados (aunque yo quería que rompieran algo, solo para escuchar la máxima disonancia) y fue increíble. Espero pronto que saquen otro disco estos muchachos. El tecladista ha partido ¿temporalmente? al submundo donde Pac Man lo espera con un libro de Lenguaje Java (programación de computadora) todo besuqueado con rouge/ lápiz labial.

Por otro lado se rumoreaba entre los habitués de Matienzo la necesidad de ampliar una escalera y poner un trampolín en la terraza. Lo segundo se logró cuando en un momento quedamos todos apretados y las ideas de nuestras cabezas se hicieron forma: guiso de verduras.

¿Se entiende hasta acá?

Finalmente tocó El Sonido Real que escuché mitad del show porque me quedé sin plata y había que ir a recargar energías a otro “Calendario” (acá si me zarpé, pero este año estuvimos hablando de Oliverio Girondo). Digamos que fui a otro lado y listo.


Disfrutad y no terminen como yo en una esquina comiendo hamburguesa. Pero no estaba solo, sino con dos galanes del asfalto que disfrutan apagar las luces del coche cuando vuelven de noche, por la ruta, desde Luján. Con dos galanes que escuchan música de su compu mirando el patio interior del edificio, desde un balcón, con plantitas y una re bicicleta que anda re piola.

Y no importa si ahora cambie el celu y tengo uno que saca fotos.
Y no importa cuánta música escuchás si al final te acordás re poquito... Un coro en la ópera Turandot, un solo de bata, un joven tecladista que acomoda y arremanga su camisa y la facha, un guitarrista/cantante que no sabe si saludar a su novia desde el escenario o no... una cantante/ percusionista que se toma todas las consumiciones de la banda... un crítico de una revista que no conoce a nadie y que está de acuerdo con la suba de tarifa de los transportes públicos.

Algún día haré un texto donde el narrador, lo autobiográfico, no aparezca, entonces ahí descorchamos el Sidra, o quizás hoy, en un rato, después de bicicletear por el barrio después de una discusión en familia.

¡Ten una familia y construye una puerta!

Obvio, me quedo hablar un poco del cum shot, pero che, no soy novelista.

lunes, 3 de diciembre de 2012


Tengo que releer Ulyses de Jota Jota. Tengo leer y llegar hasta el final. Detrás de toda esa montaña de piedritas, cal, cemento, se esconde un pastel de arándanos. 


Detén los caballos atropellados de tu mente, dijo uno de los primeros amigos.

No escribís porque te paguen, y hasta no te importa la fama y casi ni que te digan si está bueno o malo. La gente se equivoca, la historia se reescribe cada día. ¿Qué importa lo que alguien diga?

Importa solo decirlo.

Yo tengo esa necesidad. Lisa y llana necesidad. Es la que va para mí.

El texto de Jota Jota claramente retoma esta idea y en la antología fantástica de J. L. Borges y la pandilla dice algo así como: “gozaba especialmente de una gran técnica verbal”. Aludiendo a su única virtud, ¿dando a entender no?

Hasta ahora no pude pasar de unas pocas páginas, toda mi labor mental se resume en otro relato: El Perseguidor. Julio Cortázar. Verdadera situación.

Ser la leyenda o ver la leyenda hacerse leyenda. Ser o Ver. ¿Imposible las dos no?

viernes, 30 de noviembre de 2012

#jazzentiemposdebateristas


“Tight as fuck”

“La literatura es un engaño”
José Mak

Por Pocho Sabogal
Dejáme engañarte dice la fotógrafa. Ok. Gasto 100p en la Slaf jueves de Jazz. Hashtag hashtag… en tiempos de bateristas, las fotografías no sirven. Palabras tampoco. No estoy hablando de héroes del Mothership rioplatense, estoy hablando de puro simple flow. Hola Pendeja ataca de nuevo. Y a mi todavía no me contrató ningún medio. Claro, no llevé mi currículum a ningún lado. Gasto 100p y me sirven un ferne tibio, poco hielo, triste, y la tormenta que viene pero que solo engaña y no llueve.

Sebastián Peyceré fue directo y atravesó rápido el escenario cargando contra la maestría de la trompeta. Un cuarteto de primera liga que acaparó los ojos y oídos de un público de la Comarca hobbit. Sí, ahora en San Isidro tenemos joda los Miércoles en Jalea, los Jueves en la Slaf y los Viernes y Sábados la Monster/Ponster. Ni hablar de bares que refugian toxicómanos de la música como yo: Ícaro, Axolotl, Warhol, Goyeneche y después los otros que no tienen pintado nada y sin cartel.

Es difícil escribir y no decir boludeces, sobre todo cuando no tenés la Corpo ni una gran pluma periodística como Mario Wainfeld (Página 12) o Enrique Symns. Lo único que tenés son nombres, nombres, nombres. Como besos de chicas y chicos que te acordás mientras te tirás en el 437 hasta el bajo de noche yendo a lo de Remo que pinta de puta madre. (todos los nombres aparecen en Google/ Facebook)

Quiero vivir como los bohemios de 1920. Es lo que le dije a mi mujer aquella noche. Me reía pero los dos sabíamos que íbamos en serio y entonces apagamos la luz y no tomé nada esa noche.

Soy un puto hedonista que sabe usar las palabras para no morir de aburrimiento.
Soy un puto hedonista que sabe que 1959 fue uno de los años mejores del jazz, porque encima, encima se escribió El Perseguidor de J. Cortázar. Obra que me hizo reencontrarme con un autor que tenía hecho trizas. Lo hice trizas como todos los loosers de la facu de Letras. Soy un looser porque me da paja llevar mi currículum y prefiero vivir al compás de la bateria de Peyceré o De Barrio. Prefiero comentar algo sobre la armonía de bloque de acordes de Nuñez que tratar de resolver la digitación de Invention nº8 de J.S Bach. Todos sabemos que J. S. Bach tiene mis mismas siglas pero invertidas, y todos sabemos que Ludwig Van, oh, querido, Ludwig Van Beethoven murió un 26 de marzo como yo nací en un 26 de marzo.

Y en un rato me voy a trabajar y mi mujer me manda textos de otros jóvenes que escriben lo que piensan y todavía nadie les paga y estaría todo bien si no vivieran en la ciudad donde todo tiene su precio. Y yo estoy pagando ser un mentiroso para la gente que me lea, alguien que no informa sino comenta, que carga tintas y describe pero no se juega porque no soy Mario Wainfeld Kirchner presente. Soy un cagón evidemont (en francés por favor). No puedo criticar y a veces ni aplaudir (porque tengo siempre una cerveza en la mano). Y me jode el corazón a veces, el físico no el narco metafórico, y el estómago y el hígado y pienso en no tomar y a veces no tomo y yo sé que no soy verazmente (que linda que es la z bien pronunciada a lo gallega)…

Alcohólico. No. Todos saben yo sabe tú sabes nosotros sabemos que mi droga es la música.

Y que todo el resto es piernas y brazos, abrazos y miradita tierna, fotografía cierta muerta piensa, y todo el resto es glú glú de los pescados debajo de los pantalones,
Glú glú de los pibe’ del club.

¿En qué estábamos?

martes, 13 de noviembre de 2012


VIENDO LA TELE

Era un amigo mío de la facultad. Nos juntábamos en los recreos a mirar las chicas de Psicología y Educación. Nos daba igual cualquier pedazo con tal de cagarnos de risa un rato. Jamás me lo imaginé que iba a estar en la tele veinte años después con su programa de cocinero gourmet.
Él mientras hacía la facultad terminaba de cursar para chef y en realidad es lo único que terminó siendo porque después las otras cosas lo llevaron para calle sin salida, como a todos en realidad, tantas cosas hacés para terminar de nada que ver. Él estaba ahí en la tevé sonriendo y mostrando la carne cruda lista para la parrilla, el parmesano para una fugazzeta rellena, el salmón con crema para una empanada que luego iba a freír, algo que no me parecía tan rico. Hablábamos también en los recreos de que yo le iba a hacer un ceviche si alguna puta vez aprendía, pero ya ahora que sé ya ni tengo cómo contactarlo, ni idea dónde vive ni si se casó con una linda piba o si se divorció o qué carajo.

Ahí está en la tele sonriendo con la sartén poniéndole aceite mirando a la cámara dando recomendaciones y después abre un vino y sigue con los consejos y las postas. No me cansa la verdad, no me jode, tiene talento y esa sonrisa propia de los que nacieron para la tele.

Ahora escribo estas palabras mientras escucho un poco de Jim Morrison cantando un par de blueses a garganta con esa voz intachable digna de un buen cantante de blues. Pienso en qué gusto me daría estar borracho en un techo de un edificio venido a menos, leyendo poesía escrita en cuadernos blancos sin rayas. Me gustaría estar ahí tirado en un colchón polvoriento en el techo donde pega el viento y se ve la bien sábana azul y negra de la noche, y basta de toda la mierda y el dolor de cabeza que me da la borrachera con estos años, ya ni me surte esa adrenalina de antes.

Pienso en mi esposa que está ahí tirada al lado mío en la cama, leyendo o durmiendo o mirando el programa conmigo. Ella no sabe tres carajos de que el de la pantalla era mi amigo de la facultad. Pienso en decírselo pero ¿para qué? ¿Para qué suelte su manga de preguntas y acceda a lo que ella cree que es mi vida, mi historia?
Me dirá algo así como: Oh Juan ahora entiendo, claro sí. Dirá otra par de cosas trazando comparaciones mostrándome como esto o aquello, como un triunfador o un perdedor.
¿Y a mí qué? Le diría casi sin dejarla terminar. ¿Qué me importa este flaco? Hace veinte años que no lo veo, lo último que sé de él es que vivía en Flores y qué sé yo. Y ella seguiría tratando de entender mi puto cerebro diciendo: ¿Y dónde crees que vivirá ahora? ¿Cuánto crees que gana? Cuando en realidad me está me preguntando ¿Gana más que vos?

¡Qué me importa nena! ¡Qué me importa cuánto gana! Estoy viendo la tele ¿no te das cuenta?
Pero ella no se da cuenta y entonces se enoja o siquiera me mira y sigue hablando sola. Eso es el matrimonio. Dos adultos mirando un programa de cocina a las 2 de la mañana sin nada que te acelere, sin ni un poco de coca que te embuste, transpirado una noche de verano porque todavía no te moviste un poco vago de mierda, para comprar ese aire acondicionado.

Extraño esas épocas en las que pasaba rápidamente las hojas de una revista o del diario con ganas de ver no sé qué noticia no sé qué foto de mina en ropa interior, simplemente quería la imagen, las letras en negrita y grandes, quería pasar de hoja rápidamente y después salir a la calle, salir con la bici o tomarme un colectivo irme por ahí sin más.
Ahora ya ni compro el diario aunque me sigo haciendo una buena paja mirando Internet cuando mi esposa no está o cuando a veces duerme la siesta. Creo que se ha dado cuenta alguna que otra vez. Quizá me agito mucho y me tira algo como “¿Ey qué te pasa Juan? parece que venís de correr” pero se nota en su cara que me descubrió. Entonces voy al cuarto entro a nuestro baño y me pego una buena ducha fría, trato de olvidar todo ¿sabés?

Seguimos viendo el programa gourmet y de pronto veo que ha dejado de hablar sola que se ha levantado y mira hacia la ventana para luego entrar al baño. Le miro la cola desnuda y me excito un poco, pienso en levantarme e interrumpirla ahí en el baño, esté haciendo lo que esté haciendo no me importa, voy ahí y la interrumpo y me la cojo. Sé que no le molestaría, Vero jamás fue de esas mujeres que les gusta todo ese tiempo de calentamiento. Es decir, es mujer, sí, tiene su tiempo pero no como las otras, jamás discutimos por el sexo, eso no significa que siempre fue genial ni que ahora lo sea, pero la cosa va.

Sale de baño y le veo las tetas un poco caídas pero aún sigo excitado y ella no se da cuenta. Le digo y ella ni se muta, cree que le estoy mintiendo, y entonces trato de mirarla fijo para que me crea pero ya esta mirando devuelta el programa de cocina, mira atentamente como mi amigo mezcla la salsa roja y la prueba un poco. Intento decirle devuelta en otro tono de voz, no logro repetírselo y vuelvo la mirada a la pantalla justo cuando mi amigo se va a probar el vino y habla de sus cualidades y su temperatura.

Me acuerdo cuando en la facultad no iba otra cosa que la cerveza.

Es más, una vuelta salimos a las once de la mañana un recreo y fuimos a tomar unas birras con otro amigo nuestro. Éramos los tres los únicos pibes de la clase atestada de minas que no sabían lo que era levantarse al lado de un pibe con ganas de tener sexo. Era buena gente pero sabés en un punto no podés pensar igual. Y no éramos ningunos piolas ni nada, eso siempre lo tuve en claro. La única vez que me sentí un piola fue cuando caí a un telo con una piba que había conocido la misma noche, ella me había llevado en auto hasta el hotel y yo cargaba una botella de Jack Daniels casi entera. Pasamos por mi casa antes del telo y agarré una birra tibia e intenté enfriarla adentro de una olla con hielos revolviéndola, pero no sirvió un carajo y la deje en la mesa de entrada de mi casa. Mi viejo apareció preguntándome qué mierda hacía y yo le dije que me iba con una piba y que la quería impresionar. Me tiró algo así como que no había nada que impresionar, pero no me entendió, estaba dormido o quizá no entendía eso qué sé yo. Había sido su cumpleaños y nos habíamos quedado hasta tarde tomando ese whisky en vasos chicos dentro de cervezas, en vasos grandes…

…De pronto vuelve mi mujer a pararse e ir al baño y le sigo con la mirada el cuerpo pero esta vez sin excitarme. Trato de no soltarle nada pero se me escapa igual y le pregunto si le pasa algo. No me contesta y entra al baño cerrando la puerta detrás de ella. Es la segunda vez que se va hacia el baño. En la tele están con las publicidades y entonces cambio al noticiero donde veo que dice 28ºC. Me paso la mano por la frente transpirada y pongo devuelta el canal de cocina, mi amigo está allí preparando el postre mientras se cocina la carne. Es una especie de mousse de dulce de leche metida en un vaso largo. Digo en voz alta, para que me escuche mi esposa, que el programa volvió que se apure que está haciendo un mousse genial que lo podemos hacer algún día. Me doy cuento que lo digo medio riéndome aunque sin que ella me escuche. Ella no se apura y sale al rato mirando de reojo el programa como si ya no le importara.

Pasa un tiempo en silencio y me doy cuenta de que ya ni sopla el viento por la ventana. Nos espera una larga noche con este calor le digo. Sigue callada y de pronto me dan ganas de que deje de hacerse la indiferente. Me dan ganas de gritarle que ese hijo de puta que está en la pantalla es mi amigo y que seguro gana más que yo o que al menos es más feliz que yo. Quiero decirle que tampoco me importa y que está muy rico lo que está haciendo y que estaría bueno alguna vez aprender a cocinar y cocinar un poco mejor y no comer tanta mierda. Quiero decirle que tampoco me importa que sea más feliz que yo total debe haber millones de personas más felices que yo y millones más infelices. Quiero decirle todo eso y no puedo. Quiero en realidad decírmelo a mí mismo pero me aburre. Me decido por no decir nada y el silencio sigue. El programa está por terminar, mi amigo está sacando la carne y empieza a tirarle la salsa encima y ya entonces me aburro y apago la tele.

Creí que ella iba a quejarse o algo pero en cambio no dice nada y se queda callada. Mi esposa y yo estamos los dos en la cama tirados. En ese momento no pensaba que iba a escribir estas palabras. En ese momento solo pensaba el calor que hacía y las charlas sobre Alejandro Dolina con mi amigo. Las charlas sobre Freddie Mercury y Frank Zappa.

Mi esposa se da vuelta hacia la ventana y estira las piernas. Alcanzo a sentir su piel también transpirada…

¿Sabés qué? Me dice de repente.
¿Qué? Le digo mirando para el otro lado absorbiendo con mis ojos toda la oscuridad del cuarto.
Estoy embarazada.
¿Enserio me decís?
Sí, me acabo de hacer el test.
¿Cómo no me dijiste nada?
Estabas enganchado mirando el programa y aparte no sabía si iba a dar positivo o negativo.
Pero qué carajo, me hubieses dicho, es un programa de mierda de cocina y vos te vas hacer un test de embarazo en el medio.
Bueno, perdoname ya está Juan, vamos a tener un hijo.

Entonces me quedo callado. Siento un escalofrío correr por mi cuerpo y enfriar las gotitas de sudor por la extensión de mi piel. Se convierten en estalactitas que se resquebrajan en ínfimas partículas y se desvanecen. Vuelve nuevamente el calor y el peso del colchón. La ciudad que se abisma por la ventana y sus orillas de plata y acero que desfiguran el horizonte.

Pienso en la imagen de mis dos amigos de la facultad, el cocinero de la tele y el otro con el que nos juntábamos a fumar y veo esa imagen de los tres ahí, en la plaza tomando las dos birras a las 11 de la mañana sin un carajo que hacer. Los autos pasando por los costados de la avenida Paseo Colón y nosotros ahí abriendo las botellas contra los bordes de las rejas, hablando un poco de la carrera, de las minas que valen la pena y de las que no, hablando de los profesores y de la vida que nos queda por delante.

martes, 6 de noviembre de 2012


Si te compro una birra es para que me entiendas.
Si compro una segunda birra, es para entenderte.
Si compro una tercera birra, es porque nos entendimos.

miércoles, 31 de octubre de 2012


Debajo de un árbol
  canta un joven borracho
                       de cerveza.

Canta un blues en la sombra.
       y es como que se queda dormido.

Una palmada de un transeúnte bastaría para hacerlo reaccionar.

Ojalá, ojalá no pase nadie cerca.



Solamente quiero entrar en shorts.

TAKE THE A’ TRAIN

Ludwig Van Beethoven!
                  
                    ¡

Llegás a sentir el aura.

    (Marshall McLuhan)

¿Dónde está la fiesta?

        Che
                                                         Che

¿Dónde está la fiesta?

Vivimos comparando…

                Vivimos
      Comparamos
                Morimos
Despertamos
           Porque Marshall Mcluhan
                                             Lo pensó.

Terapia sistemática.

Eso no sería paranoide?

Con un café y un mate encima
                              Me siento bien,
           La sinapsis se acelera.

No pienses que nadie te entiende sino estás perdido.

miércoles, 24 de octubre de 2012


MI NOVIO TRABAJA EN UNA FARMACIA

Terminé la carrera de Letras y me puse de novia con un farmacéutico. Me acuerdo perfecto la noche que lo conocí. Él estaba con su remera de Black Sabbath y una cerveza agarrada como si fuera un termo, riéndose, mostrando los dientes un poco desparejos los de abajo.
Como siempre, no fui yo quien primero le habló sino una de mis mejores amigas, Yani. Se le acercó y le pidió cerveza, ni le mencionó lo de la remera, ni le interesaba, o más bien claramente no la conocía ni la conoce ahora. ¡Black Sabbath! A ella no le importa la música. Yo tengo posters de Jimmy Page y Robert Plant fotocopiados en mi cuarto, tengo otro de unos tipos colgando de una viga a cien metros de altura mientras descansan de laburar edificando el Empire State. Tengo también muchos libros, claro, siempre fui abanderada y todo eso.

Pero en ese momento olvidé las fotos de mi cuarto, simplemente quería que me gustara la cerveza, que realmente me gustara hasta el punto de ponerme borracha, no con una cerveza, sino con tres por lo menos. Sabía que era imposible, y sabía que no tenía nada para decirle más que “qué buena remera”. Decidí acercarme con eso nomás y justo cuando encaré para su lado, luego de que mi amiga se había aburrido de él aparentemente, él arrancó para la cocina, en busca nuevamente de cerveza.
Me hice la boluda esperando contra la puerta del comedor y agarre impulsivamente el celular para ver la hora. Eran las 2.40 de la mañana, me sentía cansada y nadie pensaba salir de esta casa en la cual me encontraba.

Me acuerdo que las primeras salidas después de recibirme no paraba de contarles a todos que me había recibido, me sentía contenta, feliz, satisfecha pero prontamente me preguntaban qué iba a hacer y me hundía en una depresión fatal. Me molestaba. Me molestaba no solamente no saber responderles (porque en el fondo no sabía qué hacer), sino también que no tuvieran otra reacción posible. La vida siempre se trata de partir, nunca de llegar.
Recuerdo que también por ese entonces los preboliches se convertían en agitados debates políticos sobre si Cristina Kirchner merecía seguir gobernando o no. Al principio tomé los valores que me inculcaron mis padres y afronté cada discusión haciendo gala, sin fanfarronear demasiado, de mi lectura sobre todo del Facundo, uno de los mejores tres libros de la literatura argentina según Jorge Luis Borges. Claro, casi 200 años antes un tipo delineó los caracteres de todos los argentinos, su paranoia y su contradicción esencial: rechazar lo que lo identifica. Rechazar al gaucho, rechazar lo otro y reclamar desde la periferia, toda la occidentalidad como propia. Una civilización preparada para el Peronismo y el Militarismo años antes de que estos fenómenos cobraran nombre. Con la lectura del Facundo me sentí convalidada y feliz de saber mi familia radical. No pude más que reírme cuando me dijeron que Sarmiento había anotado “orgía con varias mujeres” en los gastos presidenciales, cuando se fue a su Francia bienamada.  

Pero este joven con remera de Black Sabbath, que luego me diría que fue un gran regalo de una amiga de él con quien asistió a clases de yoga, no le interesaba la política. Según él “hacemos la guerra porque estamos aburridos”. Luego de salir un mes, me confesó que esa idea la había sacado de un tal J.P Zooey que justificaba el nacimiento del Rock por la ausencia de un divertimento, mejor dicho, una ocupación para chicos inquietos.

Mi futuro novio era justamente eso, un chico inquieto. Le gustaba leer muchísimo pero temas de construcción y obviamente, farmacología. Me acuerdo de esa noche que me nombró 10 marcas de Enalapril y otras 5 de Metformina. Me contó que en un recital había repartido viagra gratis porque creía que solo si el sexo es un acto de curiosidad el amor puede ser un acto de conocimiento y no al revés. A veces no entendía de donde sacaba estas ideas, algunas solían ser complicadas hasta el hartazgo, me decía que le molestaba que la gente no le gustara Rayuela, a su entender, lo mejor de Julio Cortázar junto con El Perseguidor.  Le encantaba la música. Para él la música decía más verdades que un sacerdote y que Jesús tendría que haber cantado sus evangelios. Pero esto fue hasta que empezó a leer poesía y disfrutó de la palabra hablada. Creo que también empezó a escribir poemas o hasta raps. Según supe, una noche en que estaba muy borracho con sus mejores amigos, se subió a un escenario donde habían tocado una de sus bandas favoritas, Hola Pendeja,  y rimó hasta volver tropezando a la pista de baile.

Yo le mostré recién a la tercera salida, solo porque me insistía, y él insistía un montón, mi monografía sobre Philip Larkin. Le comenté que a Larkin no le gustaban los poetas Beat y amenazó con irse de la mesa. Me dijo: “todo se arregla con cerveza barata”. Pero yo no entendía lo de “barata”. Yo tomaba casi nada y mi sueldo de profesora me daba para ahorrar. Él, por su parte, me decía que porque más que gastara mucha plata algo ahorraba y pensaba antes de fin de año pedirle un aumento a su jefe y así poder irse a vivir solo para “hacer lo que tenía que hacer”.

Recuerdo la noche que lo conocí.

Jamás pensé que me iba a gustar más allá de su remera, había aprendido a no ilusionarme con los pibes, es más, tenía la firme conclusión de que en el fondo ellos eran más complicados que nosotras. Y si bien, una vuelta se llegó a comparar con Vicente Huidobro (una vuelta que me acompañó a comprar un jean en Rapsodia) tenía razón en algo. Me dijo: “Si yo soy re complicado vos lo sos más porque me elegiste a mí”.

…Fui hacia él y le dije que me gustaba su remera y que lo veía tomando mucha cerveza. Me respondió que no pasaba nada, él era farmaceútico y como farmaceútico conocía un protector hepático de un buen laboratorio “careta”…

…No le conté que me había recibido, le dije que me cansaba que todos hablaran de política y me dijo que él también le cansaba. Me dijo que no tenía la valentía para comprometerse, ni siquiera con una mujer que amara. Le dije que eso era triste y que ya llegaría alguien que le haría cambiar de opinión. Me dijo que le daba igual con tal que la cerveza fuera barata, sino para él, para la gente que realmente trabaja demasiado. Sentí que la cosa se volvía política nuevamente y me asfixié. No sé si lo notó o si tuvo suerte pero me dijo luego de agarrar su celular: “Hay una fiesta en Martínez donde toca una banda copada, no es Black Sabbath, es más Fela Kuti” y se río. No sabía quién era Fela Kuti y solo para quedar canchera no le pregunté. Le dije a una amiga que estaba aburrida sentada en el sillón si tenía ganas.

Todo el viaje de ida, mi nuevo amigo habló con ella y sentí que había perdido al menos un beso o algo, no sé. Pero finalmente fue al revés, en el medio del baile entre gente muy transpirada y distinta a mí, me pidió robarme un beso…

Le dejé que me diera un beso en el cachete y sin darme cuenta nos agarramos de las remeras. Estábamos transpirados y yo estaba cansada. Esa noche soñé con él.

Me molestó que no me hablara tanto como con mi amiga. Con mi amiga era re hablador, parecía tener un montón de frases hechas. Después me dijo que había averiguado que yo era Licenciada en Letras y que acababa de recibirme y no quería quedar como un pelotudo.

Era un pelotudo igual, porque después de estar de novios por un tiempo me decía que no tenía ganas de llamarme, que no tenía crédito. Lo odié y le deseé que nunca le aumentaran el sueldo. Por el otro lado cuando se emborrachaba me prometía regalos, salidas al cine, salidas a comer al Club Social Beccar sobre Av. Centenario, todo si le subían el sueldo. La plata le obsesionaba. Le obsesionaba también no hablar en los transportes públicos: “todos te escuchan”. Yo le decía que tenía un problema de ego y que se pensaba demasiado interesante. “Todo es interesante” respondía al instante, y me retrucaba nombrando películas y películas de su canal favorito: I-Sat.

Era un pelotudo igual porque un día me hacía sentir bien y otro mal. Era un pelotudo porque no podía dejarse llevar. “No soy un carrito de supermercado donde metés lo que querés y me empujás y listo ya tenés todo lo que vos elegiste para vos”. Le gustaban los supermercados, la oferta lo calmaba. La oferta de cosas y no de gente. “Imaginate que no hubieran tantas chicas, sería mucho más fácil”. Yo le decía que entonces iba a empezar a ficharle el bulto a los pibes. “No es lo mismo, las tetas están al frente, se ven, se mueven, brillan, son blancas, negras, tienen picos y resortes” “¿Resortes?” “Sí, por eso son histéricas, porque tienen resortes: nos rebotan. Nos rebotan con sus tetas, sin hablarnos, solamente con rozarnos un cachitín”.

Yo soy muy celosa y no puedo no saber en qué anda. Él me dijo que solo si viviéramos juntos podría existir tal ambición, que era inútil tratarlo mientras viviéramos en las casas de nuestros padres. Me acuerdo que una vez me contó que le encantaban las palabras con el enclítico des-. Descafeinado, despilfarrar. Una la había leído en un blog, otra se la escuchó al cantante de Agrupasión Pazión y le pareció exacta.

“Hay gente que sabe hablar, que sabe donde entonar” yo trato de que mis palabras pesen o vuelen, nunca que se queden flotando como un cacho de pan en una fondue. No lo decía por su negación a lo cotidiano o a lo grotesco, lo decía porque decía que yo hablaba mucho. “Soy una persona fluida” le afirmé varias veces. Mi apellido significa río. “Vos nos sos fluida, por eso tenés que hablar, si fueses fluida te bastaría con respirar y sonreír”.

Su apellido significa pescador. Me deleita encontrar esas concordancias del destino.

Le gustaba mucho la música electrónica y yo le preguntaba si él realmente creía que los Dj´s de ahora eran lo mismo que músicos. No tenía respuesta, me dijo, existen Charlie Parkers, Jim Morrisons, Joni Mitchells, Frank Zappas. Músicos movidos por la música. No le entendía mucho, después me hablaba de James Brown o de La Costa Crew, o de Nikita Nipone. Una vez que hablamos un montón, mientras tomábamos mate, me dijo:
“Estoy feliz. ¿Sabés porqué?”
“¿Por qué? Dije.
“Porque los hombres cuando están felices hablan, hablan mucho”.

Supongo que por eso le parecía importante que no le hablara tanto. Él quería saber realmente cuando yo estaba feliz o no. Era su manera de ser un buen pibe aunque en el fondo decía que tenía muchas ganas de ir a una feria de arte y tajear un cuadro.
“no sé, ¿Vos no lo harías? Y se quedaba mirándome…

“¿Entrar con un cuchillo de cocina y cortar así nomás?”
“Sí, enfrente de todos… esperando que no esté el artista ahí, ¿mejor no?”.
“Ni loca, ¿Qué ganás con eso?”
Y entonces se iba a poner más agua a la pava o cambiaba de tema o esperaba que yo lo cambiara.

Tantos años escribiendo pequeñas anotaciones en cuadernitos, mariposas, frases de Poe, y casi que no puedo creer que me haya animado a escribir esto. No sé que significa, ni porque me quise contar a mí misma lo que ya sé, supongo que la escritura y la lectura nos devuelven a algún lugar… nos callamos, y luego las palabras también se desvanecen, y nos quedamos dormidos, una noche, una tarde, un momento donde la vida no nos necesita y podemos ser nuevamente libres.