BANDA: HOLA PENDEJA
ASUNTO: CRÍTICA DE SU DISCO
CERVEZAS: de 1 a 2.
Por Pocho Sabogal
El
disco pensé que se llamaba “Algo va a pasar” y era perfecto
el nombre, la bata de Manuel de Barrio haciendo un tartamudeo prolijo que nos
anticipaba para lo que se viene y lo que viene es un pequeño poema rioplatense-patagónico,
una melodía directamente desde el universo. Digo “patagónico” siguiendo la
definición que le dio a Patagónico, Karlheinz Miklin con su tema “Patagonia”…
pero muy diferente claro! En fin el disco no se llama así pero acá te tiro unas
palabras para que leas después antes o durante la escuchada que tenés que
pegarle a este material.
Mientras
escuchamos la melodía inicial de “Directo desde el universo” los Hola Pendeja
nos dan un formato electro: trompeta con reverb, delay[1],
guitarra tuneada que vende colchones de calidad Sueca (los mejores por si no
sabían) junto con el bajista donde descansan los vientos, los colores de las
teclas rhodes y el ya mencionado baterista.
Un
batero que constantemente saca chispas cual carril de tren dividiendo nuestra
mente entre la A-N-Siedad y el planchar la ropa mirando desde un 9no piso la
lluvia caer sobre la ciudad de Buenos Aires.
Me
parece que es un jazz muy moderno, y con esto quiero traer a nuestros cráneos
gente como Jack Dejohnette, Bill Bruford, el argentino Luis Nacht y mucho de lo
producido bajo el sello ECM. Miren las
fotos de los discos de este sello y pueden también entender lo que yo pienso
por “patagónico”.
Pero es
un disco largo señores y señoras. Tamos hablando de un disco de 1 hora y 2
minutos. Hay mucho más que patagónico, hay un asunto con el cool acid jazz, y
la versión funky de Mr. Clean (track 4) del compañero de H. Hancock, Freddie
Hubbard (un joya de zapada). Este best seller viene con unas altas rimas de Cristóbal
de Los Militantes del Clímax.
“Por la
lleca” track 8, es como una persona vestida canchera que camina y vos de enfrente
mientras te acercás le vas viendo primero los zapatos (la bata), después el
pantalón (el bajo, Santiago Palazzi), la camisa (el teclado, Manuel Núñez), el
sombrero (el guitarra Jonathan Vainberg tira una información muy interesante
antes de los vientos) campera y/o joyas (los vientos, Benjamín Collins en la
trompeta y Agustín Cosentino en el saxo tenor). Sin embargo después de ver el
cuadro completo el tema va dejando cada instrumento casi por separado para que
prestemos atención. Dejan sonando un poco la bata, el saxo, la trompeta con la
guitarra, y varias otras combinaciones. Me imagino caminando por alguna calle
que corta Corrientes cerca, pero no tanto, de la 9 de Julio.
“Despertando”
track 6, me parece que fue grabado mientras miraban como 10 hermosas mujeres se
levantaban de sus camas e iban al baño a tomar un vaso de agua. Mientras los
Hola las ayudaban a despertarse o si las mujeres preferían seguir durmiendo las
atendían y las devolvían hasta sus camas. Caballerosidad.
Las que
se despertaron al final de la canción disfrutan de un día con poco tráfico,
algunas bocinas (saxo), el bondi y el ritmo del tren (bata) que pasa o alguna
protesta callejera lejana tan lejana que por eso no importa.
“Algo
va a pasar” track 10 yuxtapone el tradicional walking del bajo y el jazz un
poco más caliente con la misteriosa Buenos
Aires-ECM. Las escalas del piano forman un laberinto que
persigue un minotauro de nombre Asterión que se tropieza con las paredes al
golpe del crash. El guitarrista muestra un acorde nota por nota, nos da tiempo
para ver donde estamos, nos hace ver el minotauro como en sueños.
Las
teclas clavinet, el ya mencionado rhodes y un piano clásico van colocando unos
vitraux entre arreglo y arreglo. Durante los arreglos deja que los vientos metan
una luz y se cree el espectro adecuado.
Mientras
un Manuel va armando el vitraux hay que fijarse de no desequilibrarse con los
ritmos del otro Manuel. Todo parece quedar claro entre ellos en los simpáticos “Yuyo
I”, “Yuyo II” y “Yuyo III”. Es como si charlaran un poco en los vestuarios
antes de salir mientras el equipo elonga.
En “Yuyo
III” track 13, el bajo y la guitarra dejan de elongar y se suman a la conversación. A “Yuyo
III” nos llevó un especie de duende con su saxo y su melodía solitaria jazz New
York City (track 12 “Jampara”), una de las cosas más geniales de este disco que
nos lleva al último trayecto. Nos va diciendo que lo sigamos que algo va a
pasar por ahí, él debe conocer esas calles…
Para
entonces hemos abierto la tercera birra que nos convidó el saxofonista y
movemos la cabeza una vez más con “Dark y Happy (más uptempo que la versión de la Poogie Bell band)”.
Esto sucede después de pasar por “El Castillo” donde nos recibió un excéntrico
Duque, refinando y circense, un poco poeta, un poco mujeriego.
Finalmente,
borrachos, nos quedamos para escuchar “Tercer Ojo” track 15, un piano sutil y
acaramelado (estoy en una etapa salada pero estas teclas van) que va dejando salir
de sus rincones una balada, un reprise con los solos de saxo y piano y la bata
en aumento. El saxofonista y el tecladista cierran las cortinas y yo me voy por
ahí.
CONCLUSIÓN:
UNA BANDA JOVEN QUE TIENE MUCHA POTENCIA. UN ESTILO ARGENTINO QUE ENORGULLECE AL
JAZZ LOCAL CON SUS COMPOSICIONES. SE ESPERA NUEVO MATERIAL CUANTO ANTES.
FIN
[1] En la casa del guitarrista una vuelta escuchamos con Mr. Pul al
trompetista Erik Truffaz con su grupo. Un grupo post bop, acid jazz que agarra
la tradición de Miles Davis en su etapa eléctrica y usa mucho un rhodes tuneado.
¿Una influencia? ¿Una comparación? Simplemente una anécdota.

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