miércoles, 16 de mayo de 2012



LA FUSIÓN, MÁS ALLÁ DEL IMPRESIONISMO Y LA RUTINA.

Por Pocho Sabogal
Para hacer las cosas más fáciles digamos que en vez de rock jazz o jazz fusión, diremos fusión a secas:
la fusión es fusión. Mezcla, enjambre de insectos dorados sobre platillos, órganos que desprenden llamas ínfimas en su tractoreo, las maderas y los plásticos de las guitarras, las teclas y los vientos, la batería barroca agregando por todos lados. Los ejemplos son: Bitches Brew (1969-1970), o el productor Squarepusher en “Music is one rotted note”. Pongo Bitches Brew sin comillas porque es un género en sí, un cuadro colgante que deja caer, derramar los óleos coloridos que se plastifican por su tela extensísima.

La fusión es pintura que sobra, que mancha, que en su exceso, en sus burbujas, en su goteo forma esculturas. La fusión es movimiento en círculos, es ir hacia ningún lado pero ir todo el tiempo. La fusión cansa, y esto es porque la unión de nexos, hilos conductores produce mucha intensidad. Cansa recibir la información como largas oraciones sin punto final. Electricidad. La fusión es necesariamente eléctrica porque se debe escuchar el zumbido de los enchufes, el chispazo infinito que viaja por el fuelle metálico de los transformadores y el alambrado del micrófono.

Pocos han aguantado esta intensidad tanto en ensayos, en conversaciones como en vivo. Aunque el vivo suele ser más lúdico centrado en los ecos dentro de un tambor que se multiplican y encapsulan las melodías. Es más fácil supongo.

La melodía en la fusión es una utopía, solo queda el jadeo, los bronquios y el desliz, el error hecho estilo.

La fusión es aquel lugar donde coquetea la derecha política cuando piensa en la perspectiva de los de la izquierda. La fusión es el lugar donde por otro lado, la izquierda se autodestruye, donde la ética muere por la boca. Donde brota de su palabra rota, un desangre milenario. La ética no existe. La única ética es el silencio. Pero no cualquier silencio sino el silencio abismal: La no-música.

Muchos sin embargo creen encontrar este silencio en los respiros, los susurros, las cataratas de aire y los aleteos del viento, es decir, lo encuentran en la Naturaleza. Allí, en su refugio y en su abrazo de suerte, el hombre encuentra el sonido, no la música, ni el ritmo o el tiempo sino la vibración. Pero esta idea es solo una idea y por ello sobrevive a los hombres que buscan su paradero.

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