LA FUSIÓN, MÁS ALLÁ DEL IMPRESIONISMO Y LA RUTINA.
Por Pocho
Sabogal
Para hacer
las cosas más fáciles digamos que en vez de rock jazz o jazz fusión, diremos
fusión a secas:
la fusión
es fusión. Mezcla, enjambre de insectos dorados sobre platillos, órganos que
desprenden llamas ínfimas en su tractoreo, las maderas y los plásticos de las
guitarras, las teclas y los vientos, la batería barroca agregando por todos
lados. Los ejemplos son: Bitches Brew (1969-1970), o el
productor Squarepusher en “Music is one rotted note”. Pongo
Bitches Brew sin comillas porque es un género en sí, un cuadro colgante que
deja caer, derramar los óleos coloridos que se plastifican por su tela extensísima.
La fusión
es pintura que sobra, que mancha, que en su exceso, en sus burbujas, en su
goteo forma esculturas. La fusión es movimiento en círculos, es ir hacia ningún
lado pero ir todo el tiempo. La fusión cansa, y esto es porque la unión de
nexos, hilos conductores produce mucha intensidad. Cansa recibir la información
como largas oraciones sin punto final. Electricidad. La fusión es
necesariamente eléctrica porque se debe escuchar el zumbido de los enchufes, el
chispazo infinito que viaja por el fuelle metálico de los transformadores y el
alambrado del micrófono.
Pocos han
aguantado esta intensidad tanto en ensayos, en conversaciones como en vivo.
Aunque el vivo suele ser más lúdico centrado en los ecos dentro de un tambor
que se multiplican y encapsulan las melodías. Es más fácil supongo.
La melodía
en la fusión es una utopía, solo queda el jadeo, los bronquios y el desliz, el
error hecho estilo.
La fusión
es aquel lugar donde coquetea la derecha política cuando piensa en la
perspectiva de los de la izquierda. La fusión es el lugar donde por otro lado,
la izquierda se autodestruye, donde la ética muere por la boca. Donde brota de
su palabra rota, un desangre milenario. La ética no existe. La única ética es
el silencio. Pero no cualquier
silencio sino el silencio abismal: La no-música.
Muchos sin
embargo creen encontrar este silencio en los respiros, los susurros, las
cataratas de aire y los aleteos del viento, es decir, lo encuentran en la
Naturaleza. Allí, en su refugio y en su abrazo de suerte, el hombre encuentra
el sonido, no la música, ni el ritmo o el tiempo sino la vibración. Pero esta
idea es solo una idea y por ello sobrevive a los hombres que buscan su paradero.
bueenisimo
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